Título: La carta forzada de la clínica
Por: Frida Saal
Idioma: Español
Otras versiones: The forced card of the clinic (English)
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Trabajos en Español

Lacan ◊ Derrida


La Carta Forzada de la Clínica


Ética Zapatista, Ética Psicoanalítica


La Bella Diferencia y Más Allá


Memoria de un Olvido, o, La Sexualidad en la vejez


Greenaway: un Libro para Ver, un Film para Escribir


Escansión, interpretación y acto


El nombre del Padre como suplencia


Sueño, deseo y culpa


Frida Saal como Madre (por Clea Saal)

English Language Papers

Lacan ◊ Derrida


The forced card of the clinic


Zapatist and Psychoanalytical Ethic


The beautiful difference and beyond


A Lapse of Memory Remembered, or, Sexuality in Old Age


Greenaway: A Book to See, a Film to Write


Dream, Desire and Guilt


Frida Saal as a Mother (by Clea Saal)

La carta forzada de la clínica
Frida Saal

En el principio de este artículo fue el título, la carta forzada de la clínica, expresión que recordaba claramente haber leído en algún texto escrito por Lacan. Pero poco faltó para que el encabezamiento fuese, en definitiva, la carta robada de la clínica. Viene al caso relatar la anécdota.

La idea del título surgió cuando leí, en una revista que me merece el máximo de los respetos (1), un artículo, muy bien trabajado (2), que despertó una fuerte reacción emocional, transferencial diría, en mí por lo que ahí pude leer: se trataba de un artículo en el que se presentaba un caso clínico y donde se hacían afirmaciones arriesgadas acerca de los personajes reales y del papel que ellos jugaban en la determinación y en el destino de la enfermedad del paciente. Lo que me resultaba claro era que el analista que presentaba el caso clínico estaba fuertemente comprometido con el material y que en su relato tal vez hablaba menos del paciente que de él mismo.

Sobre la base de ese artículo pensé que el trabajo que debería realizar podía ampliarse, partiendo del caso en cuestión, a muchos otros y, quizás, en cierta medida, dar lugar a una pregunta que tuviese validez en todos los textos psicoanalíticos en los que se presenta material clínico. Tenía el recuerdo de que la carta forzada de la clínica era una expresión usada alguna vez por Lacan. Respaldada por esa vaga memoria me puse a trabajar pero cuando, con el artículo prácticamente terminado, quise precisar la referencia, el duende del inconsciente se hizo presente, y no pude encontrarla. Amnesia focal. Tampoco podía localizarla la gente a la que recurrí -todos ellos muy versados en Lacan- para que subsanase mi olvido y confirmase la veracidad de mi recuerdo. Todos reconocían haber topado alguna vez con la bendita frase; su topos en la hojarasca lacaniana era el problema.

Pero como hemos aprendido a no ceder en lo que sí importa, terminé por hallar la referencia en Subversión del sujeto y dialéctica del deseo y descubrí entonces que el traductor no era ajeno a la desorientación mía y de mis colegas. Dice allí Lacan: "No lo tomen a mal, evoco al sesgo lo que me resisto a cubrir con el mapa forzado de la clínica." (3). La versión en francés dice: " Ne boudez pas, j'évoque de biais ce que je répugne à couvrir de la carte forcée de la clinique." (4) (subrayados míos en ambos casos). El sintagma que nos interesa, y en particular el vocablo carte, podría traducirse tanto por la carta forzada de la clínica, como por el mapa forzado de la clínica. Las dos traducciones son formalmente válidas pero sólo una de ellas es la correcta: la carta descartada por el traductor.

No está en mi ánimo criticar el trabajo ímprobo de Tomás Segovia en la temeraria tarea de traducir los Escritos de Lacan. Sin embargo, en esta opción de traducción, hay algo que se pierde, y como siempre, lo que más nos interesa como analistas es aquello que se pierde porque la carta forzada de la clínica es una expresión que tiene, en el francés coloquial, un sentido que es ni más ni menos que el siguiente: "La carta a jugar que el prestidigitador fuerza al espectador a extraer, mientras éste cree elegirla". o también "Una solución impuesta por otro o una acción que hay que cumplir a pesar de uno"(5) (subrayados míos).

Esto nos pone a reflexionar acerca del alcance de la expresión lacaniana en cuanto a la carta forzada de la clínica.

Es aquí donde quisiera, a destiempo, insertar un epígrafe que es ya un intento por comprender este dictum lacaniano:

"¡Oh inteligencia, soledad en llamas, que todo lo concibe sin crearlo!"(6).

Se nos plantea también a nosotros un interrogante, una pregunta que muchas veces hemos oído de distintas bocas que son solidarias de oídos no siempre ingenuos: ¿Porqué en la obra de Lacan las referencias a los casos clínicos son tan escasas? Es cierto que su presentación de enfermos en Sainte Anne ha sido constante y prolongada, pero eso tiene una dimensión diferente. Allí el público era convocado en tanto que testigo de la producción de un acontecimiento inédito y no en tanto que escucha de algo ya acontecido. Es un hecho que Lacan fue siempre renuente a la común exposición escrita de casos practicada por los psicoanalistas.

En sus Escritos Lacan hace referencias a la práctica clínica de otros. En una enumeración que no pretende ser exhaustiva, podemos mencionar sus comentarios sobre "el hombre de los sesos frescos" de Ernst Kris (7) y donde el problema del que se trata se relaciona con el tema del plagio, tema sobre el que tendremos oportunidad de volver, también nos habla del sueño del Fly-tox, del paciente de Ruth Lebovici (8), y llega a mencionar, de sus casos, el sueño de la esposa de un paciente (9), sueño sobre el que trabaja porque es su paciente quien lo trae y por los efectos de interpretación que allí señala. Encontramos por otra parte una recurrencia inagotable a los casos de Sigmund Freud, tomados siempre como paradigmas de las estructuras clínicas y de los comentarios sobre la experiencia del psicoanálisis.

¿Cómo entender que el autor más influyente del psicoanálisis después de Freud, en un texto tan profuso y multifacético como la recopilación de los Escritos de Lacan hasta 1966 y después, en la no escasa producción del período que va hasta su muerte en 1981, haga tan poco uso de materiales clínicos siendo que el psicoanálisis tiene una base y ella no es otra que lo que se dice en un análisis y que llegue al extremo de referirse a la exposición de casos como el recurso a la carta forzada de la clínica?

Ensayaré algunos intentos de explicación. No pretendo con ello dar la clave de lo que quiso decir Lacan, no existe tal posibilidad, pero no serán vanos ciertos intentos de aproximación.

Primera aproximación: Cuando hacemos una presentación clínica, la exposición ejemplifica lo que se quería demostrar, en consecuencia, estaba ya presupuesto desde antes y funciona entonces sólo como manera de ilustrar una idea, una representación, una concepción preformada (¿un prejuicio?) del autor. Se ve muy bien en eso que se da en llamar viñetas clínicas.

Segunda aproximación: tal vez la curiosa expresión lacaniana ponga en evidencia el salto sobre un abismo insondable que hay entre la producción de una verdad, que se da en la situación analítica y que es efecto del acto analítico, y la elaboración como saber que implica cualquier exposición de material clínico. Tal es el sentido de la invocación al poema de Gorostiza propuesto casi como epígrafe de mi trabajo. Alude al espacio inmenso, infinitamente pequeño o infinitamente grande, que separa al saber de la verdad.

Tercera aproximación: toda presentación clínica crea un efecto de metalenguaje: se cree relatar un pasado, tomado como discurso del analizante, cuando lo que se produce es un nuevo discurso, puesto que ha cambiado el sujeto de la enunciación, y donde el expositor ha pasado al lugar de analizante. Quien habla expone la castración, la suya propia. Es lo que encontramos constantemente en la práctica de la supervisión.

Si buscamos lo que conjunta estos tres intentos de explicación, veremos que ellos ponen en evidencia nada más y nada menos que los callejones sin salida (impasses) planteados por la transmisión de la experiencia analítica.

¿Habrá alguna relación entre este juego con la carta forzada de la clínica y la proposición de esta experiencia difícil y hasta ahora poco fecunda y muy discutible de la passe? Pues la passe pareciera un intento de saltar esta hiancia, este ineludible forzamiento, por parte del analista que expone un caso y de devolver la palabra al analizante. La presentación de un caso clínico, por rigurosa que se quiera, conlleva siempre la pregunta: ¿quien habla cuando el que expone, cuando el que escribe, representa a otro que en su momento habría hablado pero que ya no está ahí para firmar o para contrafirmar lo que se le atribuye? ¿quién es el analizante, quién el analista, quién habla, quién escucha, quién escribe, quién lee, cuando se re-produce más que se repite lo que se ha dicho en un análisis?

Pareciera que luego de esta introducción la conclusión podría ser de franco escepticismo sobre la posibilidad de transmitir lo sucedido en una sesión o en un análisis y que lo mejor que se puede hacer es callar. Sin embargo, no es esa nuestra respuesta. Estamos ante una situación paradójica, donde lo que debe hacerse, frente a la imposibilidad de decir la verdad, es seguir hablando. El hecho de plantear las limitaciones inherentes a toda presentación de material clínico no excluye la necesidad de su elaboración. Por el contrario, se trata de proseguir con la empresa hasta los límites de la imposibilidad. Utilizando la diferenzia (différance) derrideana, llegar al encuentro fallido con la cosa, para que se produzca así otra cosa. Se trata de desviar la vista e indagar por el fragmento de verdad que se produce en la presentación del material clínico, para ver emerger esa verdad en otra parte, en un lugar diferente de donde suponíamos hallarla.

Por estas razones es que, si elijo un material que no es mío, y en este caso elijo nada más y nada menos que cierto material de Freud -el caso Schreber-, no es para excluir la responsabilidad, ya que uno asume la responsabilidad también de su comentario, lo firma, lo expone a la verificación o falsificación por parte del otro.

Pudiera suceder que mi texto acabe por parecer irreverente. Corro el riesgo, asumiendo que también la irreverencia es capaz de ser un avatar del homenaje.

Lo que voy a presentar no pretende ser nuevo ni inaudito y comenzaré por mencionar las fuentes de mi reflexión. Esto responde a una idea que se expresaria así: yo no quiero ser original, porque la pretensión de originalidad raya en la locura.

Las fuentes a las que recurro son: el texto de Freud, Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia descrito autobiográficamente (10), el libro de Daniel Paul Schreber (11), que se supone que es la fuente de donde partió Freud, un libro de Chawki Azouri, J'ai réussi là où le paranoïaque échoue (12), el Diario clínico de Sandor Ferenczi (13), los volúmenes de la Correspondencia de Freud con Ferenczi (14), con Jung (15), con Abraham (16) , algunos textos de O. Mannoni (17), un libro de François Roustang (18), y algunos elementos tomados de la autobiografía de C. G. Jung (19). Poner en juego algunas referencias cruzadas de esta bibliografía nos deparará innúmeras sorpresas.

La pregunta de la que propongo partir es: ¿de quién habla Freud cuando dice hablar de Schreber? (Planteada así la cuestión ella conlleva ya una sospecha, el referente de Freud no es quien él señala como tal o, por lo menos, no sólo trata de quien él dice que está hablando. Si la respuesta fuese que habla de otro se abrirían entonces nuevos interrogantes acerca de los motivos para este cambio del referente y de las consecuencias que ello acarrea sobre el sentido de la exposición).

Seguramente somos muchos los que recordamos que Octave Mannoni escribió un artículo que hizo historia y que llevaba por título El análisis originario, en el que plantea que, lejos de haber hecho un autoanálisis, -condición que Freud mismo planteaba como imposible- Freud se analizó, sin saberlo claramente, con Fliess a quien hizo objeto de su transferencia atribuyéndole un saber: "Pero no hay duda de que el primer análisis terapéutico, que fué también el primer análisis didáctico, haya sido semejante a la primera cura preventiva de una paranoia. Y esto no carece de importancia. ya que hay una cierta relación entre el conocimiento paranoico y el saber fundado en el deseo inconsciente." (20) Mannoni señala con agudeza que la ruptura entre Freud y Fliess sobrevino cuando el de Berlín produjo un delirio de saber, mientras que el de Viena elaboraba un saber sobre el delirio, algo radicalmente diferente. Las acusaciones de plagio, de robo de ideas y de primacía en la elaboración de los conceptos, no faltaron.

La disensión entre los dos hombres es suficientemente conocida para que no nos detengamos en ella. Incluyó reclamos sobre la paternidad del concepto de bisexualidad, acusaciones por supuestos "olvidos" y resentimiento recíproco. Luego de la publicación de Sexo y carácter, donde Otto Weininger hacía uso de la idea de bisexualidad, Fliess le reclamó a Freud que tal concepción le llegó a Weininger a través de Swoboda, un alumno de Freud al entender de Fliess. La respuesta de Freud consignaba que Swoboda era su paciente y no su discípulo, pero, además, no le otorgaba ningún crédito a Fliess en la elaboración del concepto. (Freud acabó reconociendo después que se había olvidado de lo que Fliess le comunicara. Sin embargo en ninguna de las múltiples reediciones de sus Tres ensayos de teoría sexual hizo nada para corregir o salvar el presunto "olvido")

Todo esto que aparece marcando al psicoanálisis desde sus comienzos y que vemos a lo largo de su desarrollo, en particular en el caso Schreber, y que culmina con la noción de conocimiento paranoico, no deja de interpelarnos en relación a nuestra práctica como una profesión delirante.

M. Teste -el personaje creado por Paul Valéry, su heterónimo- ya dijo algo al respecto y Lacan no lo dejó pasar citándolo en su tesis:

"París encierra, combina y consume a la mayor parte de los hombres brillantes e infortunados cuypos destinos los han llamado a seguir las profesiones delirantes. Llamamos así todos estos oficios cuya materia prima es la opinión que los otros tienen de uno. Las personas que los ejercen, abocados a una eterna candidatura, están siempre necesariamente afligidos de cierto delirio de grandezas que un cierto delirio de persecución atraviesa y retuerce sin cesar. En este pueblo de únicos reina la ley de hacer lo que nadie nunca ha hecho antes y lo que nadie nunca hará".

Esta es la inquietud que nos lleva a aproximarnos al material que hoy abordaremos y que nos obligará a revisar detalles y episodios de la vida de Freud y de su entorno.

En distintos momentos de sus confesiones autobiográficas dice Freud que en su vida siempre necesitó de dos personajes, esenciales para él : un amigo con quien compartir (casi) todo: alguien como Fliess, como su otro yo, como Jung, como Ferenczi, sin que esta lista sea exhaustiva, y también un enemigo. Y se ha visto que, muchas veces, estos dos personajes coincidían en la misma persona, aunque no en el mismo tiempo.

¿Evoca esto algo de la tesis de Freud en su interpretación del caso Schreber, acerca de que el objeto perseguidor es el mismo que anteriormente fue el objeto amado?

En el caso Schreber, el que aquí nos ocupa, dice Freud: "la persona ahora odiada y temida a causa de su persecución es alguien que alguna vez fué amado y venerado" (21). El punto en cuestión es el del pasaje de Flechsig, el alienista que atendía al paranoico, de su condición de personaje admirado a la de perseguidor nocivo.

Preguntar si esta afirmación se deriva del material provisto por el libro de Schreber o si tiene otro origen no es aventurado, Freud sostiene que esto proviene del estudio de una serie de casos de delirio persecutorio y él mismo confirma la validez de la pregunta cuando se adelanta a nuestras dudas con la siguiente aclaración: "Pero, -se objetará- en ningún pasaje se dice expresamente que la temida mudanza en mujer deba cumplirse en beneficio de Flechsig" (22).

Freud insiste no obstante con su hipótesis y sigue adelante elaborando la relación entre el paciente y su perseguidor, Flechsig, en su doble aspecto de amado y odiado como expresión de la relación ambivalente del hijo con el padre.

Si abordamos el caso Schreber no es por una elección accidental. La frase que da título al libro de Chawki Azouri: "he triunfado allí donde el paranoico fracasa", puede leerse en una carta de Freud a Ferenczi del 6 de octubre de 1910, después de las famosas vacaciones que ambos compartieron en Sicilia. Se había suscitado allí un insistente reclamo de Ferenczi hacia Freud: el discípulo húngaro esperaba entablar una situación de confianza recíproca y poder ser el receptor de todas las confidencias de Freud. En su respuesta le escribe Freud: "Yo ya no tengo ninguna necesidad de esta abertura total de la personalidad. . . Desde el caso Fliess, en cuya superación Ud. justamente me ha visto ocupado, esta necesidad se ha extinguido en mí. Una parte de la investidura homosexual ha sido retirada y utilizada en el acrecentamiento de mi propio yo. He triunfado allí donde el paranoico fracasa" (23). No es aventurado contextualizar la expresión: es Freud mismo elaborando la ruptura de la relación con Fliess lo que le permitirá triunfar en donde Fliess fracasa. En su correspondencia Freud no deja de citar la bella paranoia que Fliess desarrolló posteriormente. Otro punto de fricción entre ellos fue un supuesto convenio para trabajar en conjunto; pero sin duda era diferente lo que ambos entendían por trabajar juntos y cuando Ferenczi sintió que su papel se había reducido al de un escriba sobrevino un desacuerdo; decepcionado, planteó su reclamo.

A propósito de este incidente Freud escribió a Jung una carta en la que daba cuenta de su versión de lo acontecido; el tenor de esta carta es bastante diferente de la que había escrito a Ferenczi: "Mi compañero de viaje es un sujeto agradable, pero soñador en un modo perturbador y su actitud hacia mí es infantil. No cesa de admirarme, lo cual me desagrada, y probablemente es sumamente critico respecto a mi en su inconciente cuando me relajo. El ha sido demasiado pasivo y receptivo permitiendo que todo sea hecho para él como una mujer, y realmente no tengo suficiente homosexualidad en mí para acceptarlo como tal. Estos viajes despiertan en mi un gran anhelo por una verdadera mujer". (24)

Subrayamos esta frase porque, en el análisis del caso Schreber, al preguntarse Freud por las condiciones desencadenantes de la enfermedad, señalaba la ausencia de la mujer de Schreber con motivo de un viaje. Freud dice que ella funcionaba como factor de contención de la pulsión homosexual. La conclusión es que al faltar una verdadera mujer es cuando la pulsión homosexual puede cobrar empuje.

Si sistematizamos de modo resumido el abordaje que Freud hace de este caso paradigmático podríamos sintetizar así:

-comienza por relatar el delirio de Schreber.

-hace su intento de interpretación: el perseguidor es, como ya hemos dicho, el personaje anteriormente amado y el delirio persecutorio es la respuesta a la eclosión de una pulsión de naturaleza homosexual intolerable para el sujeto.

- define al delirio no commo la enfermedad sino como siendo ya un intento de curación. El delirio megalomaníaco, que lo reconcilia con la idea intolerable, pasa por la idea de transformarse en mujer para ser la mujer de Dios, y así procrear la casta de los hombres nuevos. La frustración por la falta de hijos en el matrimonio de Schreber, la definitiva imposibilidad de procrear, aparece así como un coadyuvante, pero no es considerado como factor central o decisivo del delirio.

- considera como factor desencadenante a la pulsión homosexual. Si insistimos en este aspecto es porque dentro de poco nos tendremos que ver con la interpretación de Lacan acerca de este material y señalar las divergencias de éste con Freud. (Remitimos nuevamente al libro de Azouri (12): en el capítulo 2 que lleva por título ¿Homosexualidad o procreación? realiza un agudo análisis de esta temática). Los caminos de la asociación por los que Dios representa al padre en el delirio de Schreber son explicitados por Freud y justificados de la siguiente manera:

"Para que la introducción del padre en el delirio de Schreber nos parezca justificada, es preciso que sea útil a nuestro entendimiento y nos ayude a esclarecer unas singularidades del delirio que no atinamos a reducir a concepto. Recordamos, en efecto, los rarísimos rasgos que hallamos en el Dios de Schreber y en la relación de Schreber con su Dios. Era la más asombrosa mestura de crítica blasfema y rebeldía con una respetuosa devoción." (25).

La pulsión homosexual recae así sobre Dios-Padre amado y odiado, adorado y vituperado. La imposibilidad de Schreber de elaborar su "complejo paterno" lo colocaría en esa situación crítica. La posición de Freud respecto al papel del padre de Schreber, en el episodio delirante de éste es, por decir lo menos, contradictoria. Por un lado, en la correspondencia con Ferenczi sostiene: "... El viejo doctor Schreber habría hecho 'milagros' como médico. Pero aparte de esto era un tirano doméstico que aullaba contra su hijo y lo comprendía tan poco como el 'dios inferior' comprendía a nuestro paranoico" (26): por el otro, leemos con sorpresa en el texto dedicado al caso de Schreber: "Uno podría formular esta conjetura: la tonalidad esencialmente positiva del complejo paterno, el vínculo (que podemos pensar no turbado en años posteriores) con un padre excelente, posibilitó la reconciliación con la fantasía homosexual y, así, el decurso restaurador". (27) ¿Cual es el padre, que Freud necesita salvar a toda costa?

-luego de plantear sus hipótesis interpretativas Freud pasa a preguntarse por el mecanismo propio de la estructura paranoide y propone dos opciones: proyección o represión. La opción de la proyección como mecanismo productor es descartada, ya que la misma está presente de diferentes maneras en todos los casos de psicopatología y no podría en consecuencia dar cuenta del caso específico de la paranoia que es lo que le interesa. Opta pues por la respuesta de la represión.

Así pues, en el texto freudiano, hay que buscar la causa de la paranoia en la eclosión de una pulsión homosexual y su mecanismo productor no sería otro que la represión.

No se trata en esta exposición de cuestionar el abordaje de Freud, sino de poner en correlación este esquema de personajes amados y odiados, perseguidos y perseguidores, en el contexto de las relaciones que estaban en juego en el momento de la elaboración del material, para dejar vigente la pregunta: ¿de quién habla Freud cuando analiza el caso Schreber?

No sería excesivo traer a cuento y subrayar aquí que lo que Freud y Ferernczi iban a trabajar juntos y que diera origen a la reclamación por la función secretarial atribuída al de Budapest y al desacuerdo que ya hemos mencionado era justamente el caso Schreber.

La relación de Freud con sus amigos, discipulos y analizantes estuvo marcada por el fuego de la pasión por el saber e incluía aspectos homosexuales que no se les escapaban. Hemos mencionado la relación Freud - Fliess, ciertos incidentes de la relación Freud - Ferenczi, y ahora nos centraremos en la relación con Jung. Los desarrollos posteriores que llevaron al alejamiento y a la ruptura de Jung con Freud y con el movimiento psicoanalítico y el hecho de que Jung se orientara por ese entonces hacia una simbología universal imbuída de misticismo, han formado una pantalla que nos impide ver lo que estaba en juego en esta disputa y cual era el carácter de la relación entre estos dos hombres. Es una relación de hainamoration que llega a una ruptura .Es ambigua, es virtualmente intolerable, la posición en la que están instalados los discípulos en relación con el maestro cuando el maestro es el creador de una nueva discursividad y los convoca a su lado para participar en la empresa del saber, en el descubrimiento de un nuevo mundo.

¿Tendrá esto algo que ver con lo que sostiene Lacan acerca del efecto nefasto que el padre ejerce sobre el hijo cuando conjunta el papel de legislador y el de pedagogo? porque ¿quién podría reclamarse como representante de la ley en psicoanálisis sino Freud y qué consecuencias tiene y tuvo esa posición sobre los avatares del turbulento movimiento psicoanalítico?

El primer encuentro entre Freud y Jung tuvo todas las características de un flechazo.:

"Me invitó a visitarlo y nuestro primer encuentro tuvo lugar en Viena en Marzo de 1907. Nos encontramos a la una y hablamos en forma casi ininterrumpida por trece horas. Freud fue el primer hombre realmente importante que había encontrado en mi experiencia hasta ese momento, nadie más podía compararse con el". (28).

Cuando, luego de la comida, los dos hombres se retiraron para hablar en privado, lo hicieron acompañados del irónico comentario de sus mujeres: "¡Al fin solos!"

Algunos episodios relevantes merecen ser puntualizados de la relación entre ellos. Freud se desmayó dos veces en presencia de Jung. La primera en Bremen, punto de su reunión antes del viaje a América en 1909, donde ambos habían sido invitados para dictar conferencias en la Clark University. Jung estaba interesado en los peat-bog corpses.

"Son los cuerpos de hombres prehistóricos que se ahogaron en los pantanos o fueron enterrados ahí. . . Mi interés realmente afectó los nervios de Freud '¿Porque está tan preocupado por estos cadáveres?' me preguntó varias veces. . . Posteriormente me dijo que estaba convencido de que toda esta plática acerca de cadáveres representaba mis desos de muerte hacia él" (29).

El segundo desmayo se produjo en Munich el 24 de noviembre de 1912. Estaban con Karl Abraham y el tema era el trabajo de este último sobre Amenhotep IV, más conocido como Akhenaton, que vivió en el S. XIV a.C. Este joven y por breve tiempo faraón egipcio fue quien instauró el monoteísmo. Puede suponerse que fué su hostilidad hacia el padre la que le llevó a borrar el nombre del padre de todos los monumentos en los que figuraba . (Este estudio es un antecedente destacable del trabajo de Freud sobre Moisés y la religión monoteísta: sin embargo no hay allí referencia o crédito alguno concedido al estudio pionero de Abraham). Fue en ese momento y ante la consternación de todos, que Freud se desvaneció. Al volver en sí, le escucharon pronunciar esta extraña frase: "¡qué agradable debe ser morir!". Allí fue Jung quien auxilió a Freud y cuando, preocupado por lo que consideraba una peligrosa tendencia a lo que pareciera una 'muerte voluntaria', se lo comunicó al maestro (30) encontró un límite claro en la respuesta de éste: "Dejemos que cada uno de nosotros ponga más atención a su propia neurosis que a la de su vecino" (31).

Lo que está en juego es el papel del padre, un padre que no se puede tocar y que impone de alguna manera la ley. ¿Akhenatón que borra el nombre del padre, Freud, temiendo correr igual suerte con sus discípulos y borrando a su vez el nombre de Abraham en los antecedentes de su trabajo sobre Moisés? ¿Estarán siempre en falta los hijos al elaborar su complejo paterno?

Estos episodios sustentan la vigencia de la pregunta que nos guía: ¿de quien habla Freud, cuando habla del caso de Schreber? A riesgo de atiborrar con citas, convendría recordar una carta a Jung del 1 de Octubre de 1910 que da consistencia a nuestra pregunta. Le escribe Freud:

". . . Este trabajo interrumpió mi estudio sobre Schreber, el cual ahora retomaré. No leí ni la mitad del libro en Sicilia, pero he desentrañado su secreto. El caso es fácilmente reductible a su complejo nuclear. . . Durante mi viaje pude ampliar un poco mi teoría, y ahora planeo medir mis progresos en relación a la historia del caso Schreber y otras publicaciones sobre la paranoia. Aun así, partiendo de mi plan original, todo el asunto resulta tan incompleto que no sé cuando lo podré publicar ni cuan extenso será. En cualquier caso el resultado será un estudio del caso Schreber y la gente pensará que diseñé mi teoría con el libro en mente". (32)

Chawki Azouri plantea, en el libro que mencionamos, una importante pregunta: ¿Es que Freud concluye su análisis en la relación con Fliess o tal vez ese análisis continúa, de manera conflictiva y sin salida, con sus discípulos, puestos en la posición insostenible, loca, de ser al mismo tiempo discípulos, hijos espirituales de un padre espiritual, pero también analistas, a pesar suyo, del primer analizante del psicoanálisis? (33). Analistas que no pueden actuar como tales y que son llamados a callar, como en el episodio relatado del desmayo en Munich.

Jung expresa abiertamente a Freud sus temores respecto de su homosexualidad: le "confiesa" (34) haber sido objeto de seducción, cuando niño, por parte de un hombre a quien admiraba mucho. Los comentarios de Freud que incluyen la referencia a la "bella paranoia" que desarrollará Fliess después de terminar la relación con él, no sirven justamente para tranquilizar a Jung. El pedido de éste es claro: "La referencia a Fliess -seguramente no accidental- y su relación con él me lleva a pedirle que me permita disfrutar su amistad no como una entre iguales sino como la que se encuentra entre padre e hijo. Esta distancia me parece apropiada y natural". (35). Esta distancia nunca será guardada y Freud llegará a dirigirse a Jung llamándolo "Espíritu de mi espíritu". No faltan las declaraciones de impaciencia de Freud cuando Jung se demora en responder a sus cartas, así como las manifestaciones de su anhelo de verlo cuando, luego de un encuentro, a Freud le parece ver a Jung en todos los sombreros blancos que lo evocan.

Señalar en tales episodios el componente de homosexualidad puesto en juego en estas relaciones complejas de Freud con sus discípulos y, en este caso, con Jung, las características paternofiliales con toda la carga de amor y odio que conllevan, señalar que tampoco en éste caso faltaron los reclamos por prioridades, reconocimientos explícitos y referencias, recuerda de manera perturbadora las tesis defendidas por Freud sobre el caso Schreber.

La propuesta que ha dado título a este trabajo, la carta forzada de la clínica, no nos devuelve al infantil juego de la proyección donde "el que lo dice lo es". ¿De qué se trata? No sostenemos aquí que lo que Freud dice de Schreber se aplica mecánicamente a él mismo. Tampoco lo es Freud, señalando: el psicótico es Fliess, el psicótico es Jung, el psicótico es Ferenczi (36). Lo que sí sostenemos es que quien transmite su experiencia clínica, en forma de enseñanza, en forma de presentación de casos, lo hace desde una posición clínica donde su enunciado está ya comprometido. Es el punto donde hay que abrir el espacio para el análisis del analista y no pretender llenarlo por nuestra cuenta. Es el punto donde habría que retomar el imposible análisis de lo inanalizado en Freud.

No faltan las opiniones (37) que sostienen que es en el momento de la ruptura con Freud cuando Jung se pone a delirar, produciendo en ese momento una serie de textos cuyo parecido con los del delirio del presidente Schreber no puede dejar de sorprendernos. Esta ruptura produce reacciones diferentes en los dos hombres; recurramos pues a sus testimonios para hacernos una composición de lugar.

Del lado de Freud podemos recurrir al testimonio de Jones quien señala la ruptura con Jung como el hecho más doloroso de la vida de Freud en el año de 1913. Sin embargo Freud venía preparándose para éste acontecimiento según lo dejaba traslucir en julio de 1912 cuando le escribió a Binswanger: "Me siento absolutamente indiferente. Advertido por experiencias anteriores y orgulloso de mi plasticidad, hace meses que retiré mi libido de él (Jung), ante las primeras señales, y ahora no echo nada en falta. Además, esta vez las cosas son más fáciles para mí, porque puedo redistribuir la cantidad de libido que ha quedado libre en nuevos objetos como tú, Ferenczi, Rank, Sachs, Abraham, Jones, Brill y otros".(38)

Por el lado de Jung, la ruptura tiene consecuencias más graves. Son cuatro años, entre 1912 y 1916, en que se ve sumergido en una situación extremadamente conflictiva. El texto de Jung cuya traducción al inglés lleva por título Confrontation with the Unconscious (39) es apasionante, se siente vivir a su autor en tierra de nadie. En ese relato Jung da cuenta de lo que fueron esos cuatro años; encontramos allí alucinaciones, voces, sueños, vivencias y ambientaciones que afectan no sólo a él sino a toda su familia. Jung se sumerge en esta situación. Aferrándose a una actitud analítica se esfuerza por dejar aparecer todo lo que adviene a su espíritu y a su fantasía, más allá de su propio pánico. Todo el tiempo él se siente al borde de la locura, y compara su propia situación con la de Nietzsche cuando éste perdía el piso en el que se sustentaba. Podemos decir que también Jung pierde su base de sustentación cuando rompe su relación con Freud.

Durante ese período Jung se abocó a una doble tarea de escritura. El libro negro y El libro rojo, contienen el material de ambas tareas. En el primero registraba de manera directa y sin transformación todas sus experiencias, en el segundo recogía esas mismas experiencias en una versión reelaborada -una búsqueda de consistencia a través de la escritura- donde ponía en juego sus sistemas simbólicos . Es esta tarea la que le permitió seguir viviendo.

Quisiera detenerme especialmente en dos materiales de este relato que creo muy significativos y deberé excusarme por la extensión de las citas.

El primero es un sueño:

"Estaba con un desconocido, un hombre de piel morena, un salvaje, en un paisaje montañoso, solitario y rocoso. Era antes del alba, la parte este del cielo ya brillaba y las estrellas se desvanecían. Entonces oí el cuerno de Sigfrido sonando sobre las montañas y supe que debiamos matarlo... Cuando dio la vuelta le disparamos y cayó, herido de muerte.

"Lleno de asco y remordimiento por haber destruído algo tan grande y bello, me dispuse a huir, impulsado por el temor a que el asesinato fuera descubierto. Pero una terrible lluvia comenzó a caer, y supe que borraría todo rastro del muerto. Había escapado a la posibilidad de ser descubierto, la vida podía seguir, pero un insoportable sentimiento de culpa seguia ahí.

"Cuando desperté del sueño, intenté analizarlo en mi mente pero fui incapaz de comprenderlo. Por lo tanto intenté dormirme, pero una voz en mi interior decía, '¡Debes comprender el sueño, y debes hacerlo ahora!' la urgencia creció en mi interior hasta el terrible momento en que la voz dijo: 'Si no entiendes el sueño debes pegarte un tiro'... Sigfrido, pensé, representa lo que los alemanes buscan conseguir, heroicamente, al imponer su voluntad, salirse con la suya. 'Donde hay una voluntad hay un camino!' Yo había desado hacer lo mismo. Pero ya no era posible. El sueño me mostró que la actitud encarnada por Sigfrido, el heroe, ya no me resultaba apropiada. Por lo tanto debía morir. . . Después del hecho sentí una sobrecogedora compasión, como si yo mismo hubiera sido muerto: un signo de mi secreta identidad con Sigfrido. . . " (40)

El sueño no tiene nada de delirante; lo que nos llama la atención, como siempre, es aquello que falta. No se trata aquí de corregir o suplantar las asociaciones de Jung, pero creemos que no es un exceso interpretativo señalar algo demasiado conocido de ésta saga nórdica: el padre de Sigfrido es, Sigmundo.

Y es a este hijo de Sigmundo al que Jung se ve obligado a matar, renunciando a ser el héroe, el hijo dilecto del padre del psicoanálisis, para poder seguir viviendo.

El segundo material al que me propongo recurrir nos lleva al año 1916. Empiezan a suceder, en el ambiente que rodea a Jung, una serie de cosas de lo más extrañas:

"Comenzó con una intranquilidad, pero no sabía qué significaba o qué querían 'ellos' de mí. Me rodeba una atmósfera ominosa. Tenía la extraña sensación de que el aire estaba lleno de entidades fantasmales. A partir de eso fue como si mi casa estuviera embrujada. Mi hija mayor vió una figura pasando a través de la habitación. Mi segunda hija, independientemente de su hermana mayor, contó que en dos ocasiones durante la noche, su cobija le había sido arrebatada; y esa misma noche, mi hijo de 9 años tuvo un sueño de angustia. . .

"Alrededor de las 5 de la tarde del domingo el timbre de la puerta comenzó a sonar insistentemente. Era un luminoso día de verano; las dos muchachas estaban en la cocina desde donde la puerta podía ser vista. Todos se fijaron inmediatamente para ver quién estaba ahí, pero no había nadie. Yo estaba sentado cerca de la campanilla, y no sólo la oí, sino que la ví moverse. Nos miramos unos a otros. La atmósfera era espesa, ¡Créanme! Supe entonces que algo había ocurrido. Toda la casa estaba llena como si hubiera una multitud presente, totalmente llena de espíritus... Entonces ellos gritaron a coro: 'Hemos vuelto de Jerusalem donde no encontramos lo que buscábamos'. Este es el principio de los Septem Sermons" (41).

Y esa noche Jung se lanzó a escribir un texto sorprendente, Los siete sermones a los muertos (42), que comienza con las mismas palabras proferidas por aquellas voces y que pocas veces fue publicado. Es basándose en este escrito que algunos autores sostienen la tesis del delirio de Jung y muestran llamativas semejanzas con el delirio manifiesto de Schreber.

Jung publicó este texto con un seudónimo, eligiendo para ello el nombre de Basilides, un gnóstico de Alejandría que vivió en la primera mitad del siglo II. Creemos que quienes interpretan y sostienen el carácter delirante de los sermones yerran por que no tienen en cuenta la dimensión diferente introducida por el seudónimo en la recreación sublimada de la experiencia. La firma bajo seudónimo plantea un distanciamiento e introduce la dimensión del como si que es propia de la alegoría o de la ficción. Hay sí, una elaboración mítica, mística si se quiere, pero que puede encontrarse en cualquier reflexión que aborde o defina una coexistencia de contrarios: pulsión de vida y pulsión de muerte, o el todo y la nada. Hay al final de los Siete sermones a los muertos un anagrama, del cual Jung nunca dió la clave.

Una parte del sermón, dedicado a Abraxas, nos va a detener por un momento. Abraxas es el supremo bien y el infinito mal es santo y es traidor, es la más clara luminosidad del día y es la más oscura locura de la noche y Jung nos describe qué pasa cuando uno se enfrenta con esta deidad dificil de conocer:

"Abraxas ,fuente de la verdad y la mentira,del bien y del mal, de la luz y de la oscuridad, en la misma palabra y en el mismo acto. Por lo cual es Abraxas terrible.

"Es espléndido como el león en el instante en que ataca a su víctima.

........

"Es el sagrado origen.

"Es el amor y el asesino del amor.

"Es el santo y quien lo traiciona.

"Es la más brillante luz del día y la más oscura noche de locura.

"Mirarlo, es ceguera.

"Conocerlo, es enfermedad.

"Adorarlo es sabiduría.

"No resistirlo, es la salvación." (43)

Comentar este párrafo puede parecer superfluo, o por demás inquietante. Nos deja la pregunta, para siempre sin respuesta, de la relación de todos estos acontecimientos con la ruptura entre Freud y Jung. ¿Es que Abraxas, ese personaje mítico y poderoso representa a alguien? ¿Es que Jung elabora, por medio de la escritura, un equivalente analítico que le permita salir de la transferencia? Dejo así este interrogante, abierto a las asociaciones que produzcan menos dificultades o mayores aperturas a quienes lo lean.

Las experiencias que estamos correlacionando son por demás dramáticas y nos permiten ver el contexto en el que se dio la producción de la teoría freudiana de la paranoia.

¿Qué podemos decir la lectura lacaniana del texto de Freud sobre Schreber, tal como la tenemos en el seminario III, Las psicosis?

Es evidente que el Schreber de Freud no es el Schreber de Lacan. Para éste en la causación de la psicosis no destaca el empuje de la pulsión homosexual sino la falla en la función significante. El significante que falta es el del nombre del padre. Mientras que para Freud lo que falta elaborar es el complejo paterno y la responsabilidad está del lado del hijo, para Lacan lo decisivo es la falla del padre en cuanto a la posibilidad de instaurar la función simbólica a través de su metáfora.

Sólo nos detendremos brevemente en el seminario de Lacan (44) dedicado a las psicosis a fin de señalar su diferencia con la concepción freudiana. Me parece que podríamos comprimir hasta su mínima expresión lo allí tratado centrándolo en cuatro puntos claves :

- 1) el sujeto como efecto del significante. Lacan realiza aquí un magnífico análisis del lenguaje del presidente Schreber, su uso de la lengua fundamental, la producción de neologismos y demás fenómenos lenguajeros.

- 2) a diferencia de Freud que coloca a la represión como mecanismo causal de la psicosis, Lacan propone para ésta un mecanismo específico: la forclusión. Este mecanismo estructural diferencial y específico de la psicosis surge de la delimitación y elaboración de un párrafo del texto de Freud: "No era correcto decir que la sensación interiormente sofocada es proyectada hacia afuera; más bien inteligimos que lo cancelado adentro retorna desde afuera." (45). De este modo Lacan continúa y corrige a Freud al mismo tiempo.

-3) elabora con amplitud el papel de las figuras de la metáfora y la metonimia, la una causando al sujeto, la otra encarnando el deseo.

-4) el fracaso en la instauración de la metáfora paterna. El nombre del padre no viene a suplantar al deseo de la madre y éste es el elemento estructural que posibilita el desarrollo de la psicosis del caso Schreber.

Tal es el recorrido que hace Lacan a través de los textos de Freud y de Schreber para plantear su teoría de la psicosis.

¿Schreber por Schreber en las Memorias de un neurópata, Schreber por Freud en su comentario al caso y Schreber por Lacan en el seminario Las psicosis, son el mismo Schreber o no nos estaremos encontrando en la lectura polifacética de los psicoanalistas con la carta forzada de la clínica? Cada uno toma una posición en relación a la verdad que plantean como atinente al caso, pero esa verdad, la del delirio, no puede ser totalmente dicha y las condiciones de enunciación de cada una de las propuestas que formulan nos enseñan más y nos enseñan otra cosa, un excedente de saber que se agrega a lo que efectivamente enuncian, la derivada del compromiso de los autores con el material que trabajan.

Queremos ahora introducir una nueva dimensión. Se trata de poner en relación los acontecimientos en los que estuvieron personalmente comprometidos los pioneros del psicoanálisis con los avatares de la institución psicoanalítica.

En 1910 se creó la Asociación Psicoanalítica Internacional y fue Jung su primer presidente, algo que se entiende como resultado de acuerdos políticos que se pueden seguir en los documentos oficiales así como en la abundante correspondencia que intercambiaron los personajes que nos interesan. El malestar institucional estaba presente desde el inicio, con su cortejo de rivalidades y luchas por pequeñas diferencias. Fue en 1912 cuando se creó el Comité secreto, una iniciativa de Ernest Jones y de Ferenczi que contó con el entusiasta apoyo de Freud:

"Lo que inmediatamente captó mi imaginación fué su idea de constituir un consejo secreto compuesto de los hombres mejores y de más confianza con que contamos y que tomaría a su cuidado el desarrollo ulterior del psicoanálisis y defendería la causa contra las personas y los obstáculos con que ésta podrá tropezar cuando yo ya no esté..." (46).

Lo que tenemos es una doble fundación institucional, de la primera procede la A.P.I., es la que será el modelo para Psicología de las masas y análisis del yo, la institución en la que todos los miembros se identifican y donde pueden amarse en la medida que hayan instaurado el mismo ideal del yo -léase, el padre fundador común que hace de todos los demás un conjunto. Por el otro lado está el Comité secreto, integrado por los sacerdotes de la causa sagrada, que se asumen y reconocen como tales, para salvaguardar el nombre de Freud. Este Comité, con sus señales de reconocimiento, anillos y promesas de fidelidad, está orientado fundamentalmente a controlar a Jung. (Freud temía un desenlace problemático, como en el caso de Adler). Así parece ser que la escisión no es privativa del sujeto, también la institución la padece, desde el comienzo.

La historia de las instituciones lacanianas es bien conocida pero no quisiéramos dejar de mencionar una analogía sorprendente con las instituciones schreberianas.

La historia del presidente Schreber no concluyó con la publicación de sus memorias y la recuperación clínica después del segundo episodio psicótico. El desenlace sobrevino luego de un tercer episodio psicótico, del que ya no se recuperó. Las circunstancias desencadenamiento de este tercer episodio nos interesan sobremanera. El padre de Schreber falleció cuando éste tenía 21 años. La fundadora de las Asociaciones Schreber, fue Paulina, la madre de Daniel Paul (47). Cuando murió Paulina existía ya una Federación de Asociaciones Schreber y una de las Asociaciones planteó su pretensión de ser reconocida como la única verdaderamente representativa, denunciando que todas las demás eran falsas -tal y como sucede en nuestros días-. En síntesis, una de tales Asociaciones Schreber sostenía que ellos eran los únicos herederos. Recurrieron a Schreber, el único hijo varón supérstite del fundador, buscando la autentíficación y él encontró que no podía dar una respuesta contundente a esa pregunta por el "hijo legítimo". Fué poco después de este incidente que se desencadenó el episodio final de su enfermedad. El parecido con las situaciones de escisión, excomunión o la existencia de escuelas que pretenden obtener su legitimidad a costa de la impugnación de otras, no nos parece una mera coincidencia. No en vano el psicoanálisis, gracias a la lectura lacaniana de Teste-Valéry ya citada, se ubica entre las prácticas paranoides.

Hemos abordado las condiciones de producción del caso Schreber, lo hemos tejido con la relación de Freud con sus discípulos, hemos señalado las diferencias en el tratamiento del tema que hay entre Freud y Lacan, y hemos apuntado a algunos aspectos institucionales. Es legítimo preguntarse ¿hacia donde nos dirigimos y que pretendemos con esto.?

No se trata de llenar el lugar de una pregunta con una psicologización de Freud o intentar salvajemente psicoanalizar a Freud, ejercicio del que es bien sabido que hay unos cuantos que no se privan. Por el contrario, queremos señalar que se trata de lugares estructurales e interdependientes donde ellos, los fundadores de un campo, al igual que nosotros en los modos propios de asumir nuestras neurosis y psicosis, somos jugados más de lo que jugamos por esa fuerza que es condición de todo análisis y que se llama transferencia. Los actos que realizamos, tanto como lo que omitimos tienen consecuencias y esas consecuencias hay que pagarlas. No depende de la buena voluntad o de la telenovela de lo que podría haber sido. Ellos asumieron y pagaron su responsabilidad, nosotros estamos en el mismo escenario.

En un libro de Guyomard, El goce de lo trágico, el autor comenta la fascinación, tanto de Freud como de Lacan, por la tragedia y plantea: "¿El rechazo del goce del heroismo podría y habría podido instaurar, en el psicoanálisis otros modos de transmisión?" (48). Es una buena pregunta, sólo que como toda pregunta que incluye un condicional -¿qué habría pasado?- no puede ser contestada, Más bien podemos pensarla, y esto ya para concluir, en su parentesco con una ficción, el cuento de Borges sobre el tema del traidor y del héroe (49). Se trata de la historia del heroico precursor de una causa. La víspera del levantamiento que daría el éxito a la noble causa se descubre que hay un traidor y que éste es el precursor mismo. El grupo elabora una estratagema para que la ejecución, que es su condena, aparezca como un asesinato que lo promueve al lugar de héroe, en beneficio de la causa. Tiempo después, un descendiente del héroe arriba al lugar de los hechos y encuentra todas las claves que habían quedado dispersas como para que se descubriera la trama. Todos son personajes de una escenificación, escenificación que incluye también la presencia del descendiente que descubrirá la verdad, y que, al mismo tiempo, no podrá decirla. ¿Será ese nuestro papel en la trama?

O, tal vez, los héroes y los traidores siguen siendo personajes de tragedia y el camino que sus continuadores habremos de recorrer se presta menos menos a la grandilocuencia.


Bibliografía y notas

1) Tres al cuarto. Actualidad, psicoanálisis y cultura. Barcelona. 1993-1995.

2) Berenstein A.: En nombre de tánatos. Tres al cuarto, nº 3, 1994, p. 6.

3) Lacan J.: Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano. Escritos. Siglo XXI. México. p. 780.

4) Lacan J.: Écrits. Seuil. Paris, 1966. p.. 800

5) Dictionnaire du français vivant. Bibliograf. S.A. Artículo Carte.

6) Gorostiza J.: Muerte sin fin. Fondo de Cultura Económica. México. p. 119

7) Lacan J.: Op. cit. p. 579.

8) Lacan J.: Op. cit. p. 590.

9) Lacan J.: Op. cit. p. 611.

10) Freud S.: Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia (dementia paranoides) descrito autobiográficamente . Amorrortu. Buenos Aires. T. XII. p. 1

11) Daniel Paul Schreber: Mémoires d'un névropathe. Ed. du Seuil. París. 1975.

12) Chawki Azouri: J'ai réussi là où le paranoïaque échoue. Ed. Denoël. París. 1991.

13) Ferenczi S.: Diario clínico. Conjetural. Buenos Aires. 1988.

14) Freud S. - Ferenczi S: Correspondance. Calman -Lévy . Paris . 1992. Tomo 1º.

15) The Freud-Jung Letters. Princeton University Press. Princeton, N.J. 1974.

16) Freud S- Abraham K.: Correspondance. Gallimard. Paris. 1969.

17) Mannoni O.: El análisis original en La otra escena. Claves de lo imaginario. Amorrortu. Buenos Aires. 1973. pp. 87-99 y La patogénesis de la creación, en Ficciones vienesas. Fundamentos. Madrid .1980. p. 151.

18) Roustang F.: Un funesto destino. Premia. México. 1980.

19) Jung G.C.: Memories, Dreams, Reflections. Recorded and edited by Anila Jaffe. Vintage. Nueva York. 1989.

20) Mannoni O.: El análisis original. op. cit. p.89.

21) Freud. S.:Puntualizaciones..... op. cit. p. 39.

22) Freud S.: Op. cit. p. 41 (subrayado nuestro).

23) Freud S. - Ferenczi S.: Op. cit. carta 171. p. 231 (subrayado nuestro).

24) Freud S. - Jung G.C.: Op. cit. carta 212, p.353.

25) Freud S.: Puntualizaciones... op. cit. pp. 47-48.

26) Freud S. - Ferenczi S.: Op. cit. carta 171. p. 232.

27) Freud S.: Puntualizaciones ... op. cit., p.72 (subrayado nuestro).

28) Jung C.G.: Op. cit. p. 149.

29) Jung C.G.: Op. cit. p. 156.

30) Freud S. - Jung C.G.: Op. cit. carta 330. p. 525

31) Freud S. - Jung C.G.: Op. cit. carta 332. p. 529.

32) Freud S. - Jung C.G.: Op. cit. carta 214. p. 358 (subrayado nuestro).

33) Azouki Ch.: Op. cit. p. 105.

34) Freud S. - Jung C.G.:. op. cit. carta 49. p. 94.

35) Freud S. - Jung C.G.: Op. cit. carta 72. p. 122.

36) En las últimas páginas (291-292) del Diario Clínico (cit.) de Sandor Ferenczi leemos: "En mi caso, me sobrevino una crisis sanguínes en el mismo momento en que comprendí que no solamente no puedo contar con la protección de una "potencia superior", sino que al contrario, soy pisoteado por esta potencia indiferente desde el momento que voy por mi propio camino y no por el suyo.

"La comprensión a que me ha hecho acceder esta experiencia es que no fuí valiente (y productivo) sino en tanto me apoyé (inconscientemente) sobre otra potencia, y que, en consecuencia, jamás he sido "adulto". Rendimientos científicos, matrimonio, lucha contra colegas más fuertes -todo esto sólo era posible bajo la protección de la idea de que puedo en todas las circunstancias contar con éste sustituto del padre"..... y poco más adelante.."¿Tengo aquí la elección entre morir y "reacomodarme"- y esto a la edad de 59 años?

"Por otra parte: ¿vivir siempre la vida (la voluntad) de otra persona, tiene algún valor- una vida así no es ya casi la muerte? ¿Pierdo demasiado si arriesgo esta vida? ¿Chi lo sa?". Esta cita nos pareció importante para lo que venimos exponiedo al mismo tiempo que nos pareció que desviaba el hilo de la exposición por lo que hemos preferido incluirla fuera del cuerpo del artículo.

37) Bigras J.: Le délire "Aux frontières de la folie". Interprétation, nº 22-23, automne 1978- printemps 1979. Montreal. p. 7.

38) Citado por Max Schur en Sigmund Freud. Enfermedad y muerte en su vida y en su obra. Paidós. Madrid. 1980. p.384.

39) Jung C.G. op. cit. p. 170.

40) Jung C:G: op. cit. p. 180 (subrayado nuestro).

41) Jung C:G: op. cit. p. 190

42) Jung C:G. op. cit. p. 378

43) Jung C.G. op. cit. p. 383

44) Lacan J. Le séminaire. Livre III. Les psychoses. Ed.Seuil. Paris.1975

45) Freud S. Puntualizaciones... op. cit. p. 66.

46) Jones E.: Vida y obra de Sigmund Freud. Ed. Nova. Buenos Aires. 1960. Tomo II. p. 167.(subrayado nuestro).

47) Es necesario revalorizar el papel jugado por la madre en el caso Schreber. Nuevas investigaciones hacen pensar que no fue para nada el personaje oscuro y silencioso que se pensaba. Todo esto nos llevaría lejos de la temática que hoy abordamos. Azouri Ch. (Op cit. pp. 64-72) ofrece intersantes datos así como una rica orientación bibliográfica.

48) Guyomard P.: La jouissance du tragique. Aubier. Paris. 1992.

49) Borges J.L.: Tema del traidor y del héroe. En Ficciones. Obras Completas. Emecé. Buenos Aires.1980. p. 496.


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